La Corregidora María Josefa Ortiz de Domínguez y el casi ciego, encarcelador, pero muy amoroso, de su marido.

No hay una muger que no sea una berdadera insurgenta…”

escribió, escandalizado, con una muy atropellada ortografía, Francisco Manuel Hidalgo al Virrey Apodaca, siete años después del inicio de la guerra de Independencia. *

En efecto, durante los once años que duró la crisis del Reino en Nueva España, nuestro territorio sería un hervidero innumerable de insurgentas

que fueron causa de la desgracia de muchos soldados, porque existían pocas que no fueran madres, esposas, hijas o hermanas de los insurrectos y, sobre todo, porque ninguna dejaba de amar la tierra donde había nacido”. **

* Carta del 25 de noviembre de 1817 en que, por referencia, asienta que en Sultepec todas las mujeres eran insurgentas, en Genaro García, Documentos Históricos Mexicanos, México, SEP, 1985, T. V, p. 427. Toda la información sobre los expedientes de las mujeres que fueron aprehendidas, enjuiciadas o ejecutadas durante la guerra de Independencia, pertenece a esta obra.
** Genaro García, ibid., p. X.

Porque, luego de María Josefa Ortiz, esposa de Miguel Domínguez, Corregidor de Querétaro, fue infinita la catarata de revoltosas acusadas de todo, de traficar armas bajo las enaguas, de hacer tortillas envenenadas, de esconder prófugos, de aplaudir y lanzar besos a los victoriosos, de asaltar cuarteles y pueblos, de redactar y distribuir panfletos o de ser simplemente progenitoras de los seguidores de Hidalgo o Morelos. Comenzando por Bernarda Espinoza, quien fue pasada por las armas, por la espalda, que no había hecho más que festejar el momento en que tuvo noticia de una victoria insurgente o por Ana María y Trinidad, hermanas del cabecilla de Querétaro Saturnino Ortega, que fueron sorprendidas con las armas en la mano. Como la hija del héroe Pedro Moreno, llamada Guadalupe, quien sólo contaba con dos años y medio de edad cuando la detuvieron, o María Josefa Matamoros, mujer de Mariano, el célebre rebelde, o la esposa y las seis hijas de Julián Villagrán, encarceladas por órdenes del general realista Agustín de Iturbide, o la legendaria María Josefa Martínez, acusada de capitanear, en un pueblo remoto y levantisco, un regimiento de insurgentes. Como las cien mujeres que, armadas con garrotes, piedras y cuchillos, asaltaron el cuartel de Miahuatlán, forzaron la puerta principal, para apoderarse de las armas y de los papeles judiciales que se guardaban allí y dispersaron a la tropa, o, en fin, como María Arias Viuda de Rosales, Antonia González, María Josefa Paul, Juana Villaseñor y su hija María Sixtos, María Vicenta Yzarrás, Juliana Romero, María Josefa González, Ana María Machuca y Micaela Bedolla, que, para mayo de 1816, seis años después del Grito de Dolores, llevaban casi treinta meses encerradas en una casa de retención, la Casa de las Recogidas, que funcionaba en Irapuato. Como Francisca Uribe y María Bribiesca, quienes, muy jovencitas, letradas, atrevidas, en representación de dieciséis compañeras capturadas por tener parientes en la insurgencia, enviaron, desde aquella famoso prisión, el 16 de febrero de 1818, una desesperada y significativa solicitud de libertad a las autoridades de la Capital en la que Agustín de Iturbide se refrenda como el implacable perseguidor de insurgenta que era:

Dies y seis mugeres infelices –escribieron- sepultadas hace un año en las Recogidas de Guanaxuato por orden del Señor Comandante Gral. D.n Agustín de Iturbide (…) ocurren a la notoria justificación a V. Exa. para que se nos haga justicia, se instruyan nuestras causas, y se nos despache al Purgatorio, que juzgamos habitación menos aflixiente que en la q.e estamos: porque á lo menos, alli sólo padece el alma mas vigorosa que el cuerpo, y se espera otro descanzo feliz (…) El Sor. Yturbide, cuio zelo infatigable por la causa del Rey, lo devora por todas partes. Ha agotado su grande ingenio, y sus vastos recursos en ver como aplaca la insurrección, arbitró entre otras cosas q.e dentro de cierto termino se retirasen las mugeres, las madres y los más próximos parientes con los maridos y padres insurgentes, baxo pena de que serian presas (…) A causa de todo esto, algunas de las que benian con nosotras murieron: sobrevinieron las viruelas, y nuestros hijos pequeños é inocentes victimas de un systema, que se yo como lo llamaremos, sera si, guerrero… padecieron males terribles, por la desnudez, la falta de alimentos, etc., etc.”

La detención de la Corregidora por su marido.

En el hervidero inmenso y ruidoso de insurgentas que fueron causa de la desgracia de tantos soldados del viejo y muy violento Reino de Nueva España sobresalen dos grandes figuras: María Josefa Ortiz y Leona Vicario. Esta, bella y virtuosa joven perteneciente a una distinguida familia de la Capital de la Nueva España, sacrificó su fortuna y bienestar por la causa, y fue capaz hasta de cargar –entre las innumerables acciones que la distinguen como heroína- con una imprenta insurgente entre sus sayas (refajos). María Josefa Ortiz, ex alumna del Colegio de las Vizcaínas de la Capital, quien tenía treinta y siete años cuando se involucró, como protagonista clave del movimiento de Dolores, vivió momentos muy amargos a causa de su extraño y violento marido. Tres años después de haber participado en la Conspiración de Querétaro, con un embarazo bastante adelantado, María Josefa sería apresada por su consorte, el Corregidor Miguel Domínguez, el cinco de enero de 1814. Al día siguiente, después de haberla entregado a la policía virreinal para que la trasladaran a la Ciudad de México, arrebatado por la culpa, por el muy raro y grande amor que lo ataba a María Josefa o, simplemente, muy conmovido por las lágrimas y alaridos de los catorce tiernos hijos que había procreado con ella, el Corregidor presenta su renuncia al Virrey Calleja, después de veintidós años de servicios, para trasladarse a la Capital y asumir, como abogado que era, la defensa de su esposa. Porque, de lo contrario, como escribió el mismo Corregidor,

sería Yo indigno de la Religion Santa que profeso, del nombre español q.e tengo, y de la educación que recibi de mis honrados padres”.

Se casó en secreto…

En descargo del atormentado (¿amoroso?: ¡Lacan, Freud, socórranos por favor!) Corregidor de Querétaro, algunos hechos podrían atenuar el tamaño de su falta, aunque sabemos que, tratándose de los sentimientos de las incorregibles insurgentas, las de antes y las de ahora, nada, pero nada, podría servir para justificar la situación:

  1. Exactamente 21 años antes de capturar a María Josefa, su esposo –quien era doce años mayor que Josefita- se casó, en secreto*, con ella.
  2. El Corregidor, fue uno de los primeros criollos en manifestarse a favor de la Independencia, en 1808, pues mantuvo un estrecho y cómplice contacto con el Ayuntamiento de la Ciudad de México, que, encabezado por el Síndico del Común, Francisco Primo de Verdad y Ramos, fue el precursor ideológico del movimiento.
  3. Dos años después, en 1810, María Josefa indujo a su esposo a participar en la conjura. Y él aceptó. Secundándola.
  4. No obstante todo lo anterior: caput para el Corregidor. La Corregidora, quien llegó, embarazada, a la prisión (1814) de la que no habría de salir hasta tres años después, una vez consumada la Independencia (1821) e instalado el Imperio del implacable perseguidor de insurgentas, Agustín de Iturbide, habría de rechazar el nombramiento de Dama de Honor de la Emperatriz, Doña Ana María Josefa de Huarte y Muñiz, esposa de Don Agustín.
  5. María Josefa habría de morir (1829), seis años después de que el enrevesado, casi ciego y capturador de insurgentas y de su marido, ocupara, la Presidencia de la República.

* El subrayado es de los editores.

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En esta segunda publicación de la serie Bi100 HISTORIA/Personajes, se reproduce la carta que envió, el seis de enero de 1814, el Corregidor Domínguez al Virrey Calleja para exponerle los motivos de su renuncia, y dos cartas más que la Corregidora envió al mismo virrey, el cuatro y el veinticinco de febrero, de aquel año, en las que se duele de las mil y una situaciones que vivió desde el día de su captura, de su traslado a la Capital, pasando, en primer término, por San Juan del Río, adonde llegó

QUOTE a las oraciones de la noche casi desmayada por no haber provado bocado, rodeada de soldados como el reo más fascineroso, casi con centinela de vista (…), siendo conducida a este convento (Santa Teresa la Antigua), con el mayor escándalo, donde llevo veintidós días, sin que se me haya hecho saber el motivo de mi prisión” **

Los editores de este cuaderno, decidieron conservar la ortografía original de los documentos por considerar que, lejos de afectar su comprensión, podrían mejorarla porque el lenguaje forma parte del contexto histórico. En la parte final, el lector encontrará, una breve noticia biográfica de esa extraordinaria mujer que fue la Corregidora.

Enrique Márquez,
Coordinador de la Comisión Bi100/
Bicentenario en la Ciudad de México,
Agosto 3 de 2009.

* Genaro García, op. Cit., pp. 361-362.

1. “Y el día de hoy, veo calificada a mi muger de escandalosa, perturbadora del buen orden, seductora, y de qué no se que otros tamaños delitos…”.

Carta enviada por el Corregidor de Querétaro, Lic. Miguel Domínguez al Virrey Calleja, en que pide ser defensor de su esposa, Doña Josefa Ortiz, en el juicio que se le sigue por sediciosa y renuncia al puesto que desempeña. **

Exmo. Sor.:
Casi al cumplir veinte y dos años de buenos, fieles y desinteresados servicios (que en mucha parte constan á V. E.) empleados en beneficio de la Patria, de la <Haz.da pub.ca., de la Adm.on de Justicia, y pralm.te de la justa causa, durante la revolucion, y en que ademas de haber consumido los mejores y más vigorosos años de mi vida , he perdido la salud y casi enteram.te la vista, recibo el duro, durísimo golpe, de separar de mi lado a mi desgraciada Muger, á q.n Yo mismo acabo de entregar*** al Coronel D.n Cristobal Ordoñez, para que la conduzca en calidad de presa a esa Capital, cumpliendo puntual y executivam.te la orn. Sup.or de V.E. de 29 del inmediato pasado Dbre.

Si, Sor. Exmo: El dia de hoy, por una sorpresa, y por mi misma mano hé arrancado á una infeliz M.e de en medio del circulo de doce tiernos hijos q.e estaban presentes, cuias lagrimas hacian los (h)omenages debidos a la humanidad, y el justo duelo de la prision y deshonor de su M.e; el dia de hoy, veo padecer sin culpa á unos inocentes, que ya q.e no saven hablar, manifiestan su acervo (sic) dolor deshechos en un torrente de amargo llanto; el dia de hoy quedo Yo, y queda mi numerosa familia sumergidos en una confusion, vergüenza y sonrrojo inexplicables; y el dia de hoy, veo calificada a mi Muger de escandalosa, perturbadora del buen orden, seductora y de que sé yo q.e otros tamaños delitos.
Seria Yo indigno de la Religion santa que profeso, del nombre español q.e tengo, y de la educación q.e recivi de mis honrrados Padres, si en tan angustiadas circunstancias desamparase a mi desdichada consorte, qdo. Se intereza su honor, el mio y de nra. Familia y seria un hombre sin pundonor y sin vergüenza, si tratara de permanecer en un Lugar donde hai varios havitantes q.e siendo en realidad fieras, llevan la figura y algunos accidentes de racionales, y que tienen la barbara conplacencia de destruir la fama, y aun la vida de sus semejantes, y especialm.te de los hombres de bien.
Hé obedecido ya y cumplido la orn. Sup.or de V. Exa. con la exactitud de smpre., y dando este paso reclamo ahora su autoridad, suplicandole q.e permita q.e me traslade Yo a esa Capital en la primera ocacion q.e se presente por la urgencia del caso, pues ni la naturaleza ni la justicia consienten q.e siendo Yo Abogado, y estando instruido de las ocurrencias de esta ciudad, pusiese en otras manos la defensa de mi Muger.
No es embarazo el Empleo q.e obtengo, por q.e no solam.te lo renuncio y desde ahora lo pongo en las sup.res manos de V. Exa. p.a q.e determine de el, sino q.e lo aborresco, abomino y detesto, pues me ha conducido a padecer los mayores ultrajes, vilipendios y sinsabores, sin mas recompenza que la del desprecio, y miseria en q.e vivo.
No hay enemigos prox(i)mos, y aun los q.e estaban distantes, estan batidos y arrollados, y por el poco tmpo. q.e. pueda tardar el sugeto que V. Exa. se sirva nombrar en mi lugar, suplira con arreglo a la ordenanza de esta Ciudad el Alc.e ordinario de primera eleccion, pues Yo luego q.e logre algun alivio, y ordene en el modo posible lo q.e ha sido a mi cargo, emprendere mi viage aunq.e sea por en medio de los mayores riesgos y peligros, en el concepto de q.e esta materia la trato con mayor reserva y secreto para q.e no se transienda (sic) en el publico.
Dios gue. a V. Exa. m.s a.s”
Queret.o En.o 6 de 814.
Lic.do Miguel Dominguez (rubrica)

** Genaro García, ibid, pp. 357-360.
*** El subrayado es de los editores de este cuaderno.

2. “Un marido mui hombre de bien”.

Cartas de la Corregidora Josefa Ortiz de Domínguez al Virrey Calleja, en que solicita una entrevista con este o con algún representante para conocer los motivos de su prisión.


Exmo. Señor:
Hace un mes que me separaron por orden de V.E. del lado de un marido mui hombre de bien, “…cuya conducta le es á V.E. bien notoria, y que ha servido m.s al Rey, con la mayor fidelidad i desinteres y con el acierto de que hay pocos exemplos, espcialmente en estos tres años en que a nadie como V.E. le consta su porte y sabe mui bien ha sacrificado su salud y intereses en cumplimiento de sus deveres, y me extraxeron del seno de una honrada y numerosa familia compuesta de catoce hijos, los mas de ellos pequeños, pues el mayor cuenta veinte años, el qual puso su padre voluntariamente al servicio del Rey, en le reximiento de la ciudad (sic) de Queretaro, donde se ha portado con la hombria de bien que corresponde, presentandose en los ataques á q.e ha asistido con valor, de que son testigos sus gefes; y la ultima de un año, la que fue ar(r)ancada de mis brazos para ponerme en el camino, dolor justisimo que todavia me tiene atravesado el corason; sali por fin, Exmo. señor, de aquella ciudad a la primer jornada, que fue a S.n Juan del Rio, donde llegue alas oraciones de la noche casi desmayada por no haver provado vocado, rodeada de soldados como el reo mas fa(s)cineroso, casi con centinela de vista, pasando mil trabajos y alojada en Huegüetoca en el quartel sin ninguna distincion á una señora, teniendo que ver á los soldadosla cara, para que por mi dinero me traxeran de comer; sin poder conseguir me entraran a esta ciudad de noche, para excusarme del sonrojo que padeci, al pasar por el in(n)umerable concurso de gente q.e havia en la garita a las doce del dia, fui condusida a este convento, con el mayor escandalo, donde llevo veite y dos días con (h)oy, sin que se me haya (h)echo saber el motivo de mi prisión, la qual me tiene en la mayor confusion, pues ignoro quales sean mis delitos que han merecido semejante castigo. E.S., yo estoy bien segura de que seran los que hayan forjado mis enemigos de la paz, pues yo protesto delante de Dios y delante de V.E., me juzgo inocente y sin ninguna culpa.
Por tanto, a V.E. suplico que atendiendo a mi situacion, no me negará darme un rato de audiencia, para que V.E. quede satisfecho y yo vindicada de los delitos que se me hayan imputadi, y fio de su corason denigno y co(m)pasivo se dolera de las lagrimas de una familia, para consederme la libertad que pongo en sus manos y no dudo de su feliz exito.

Dios guarde á V.E. los muchos años que le desea su servidora que atenta B.S.M.”

Maria Josefa Ortiz (rúbrica).
Convento de S.ta Teresa la Antigua, febrero 4 de 814.

3. “Mi triste situación me obliga…”

Exmo. Señor:

Mi triste situación me obliga á tomar segunda vez la pluma, creida de (h)allar en el sensible y generoso corazon de V.E., el que moverá al ver la desgracia de una mujer contristada, que privada de sus tiernos hijos y de un marido recomendable, del que no ha tenido mas rason que una carta que le escrivio a la niña que traxe en mi compañia, en que le dice haver pedido á V.E. licensia para venir, de la que no ha tenido contestación, por lo que se halla como un loco, y no tener rason de la situacion mia, pintando la tragedia mas lastimosa de mi infelix casa y tristisima familia por mi separación.
En mi anterior pedia a V.E. un corto rato de audiencia, en la que, quando no consiguiera mis deseos de dexarlo penetrado de mi inovado como devo mis quexas ami superior.
Exmo. Señor, hace cerca de dos meses que estoy e n esta reclusion, sin consuelo, con la niña que traxe en mi compañia, en casa agena; si V.E. no tiene a bien oírme como le he podido, tenga la bondad de mandarme un sugeto de su satisfaccion, que me diga el motivo de mi prision, pues me considero inocente.

Dios guarde á V.E. los muchos años que le desea su servidora que atenta B.S.M.”

Maria Josefa Ortiz (rúbrica).

4. PEQUEÑA HISTORIA DE LA CORREGIDORA *

Hija de Juan José Ortiz y Manuela Girón, quedó, muy niña, bajo el amparo de una hermana. Nació el 19 de abril de 1773 en la ciudad de México.

Fue educada en el Colegio de las Vizcaínas, de donde salió en 1791. Se casó en secreto con Miguel Domínguez, quien sería corregidor de Querétaro. La boda se celebró en el Sagrario Metropolitano de la Ciudad de México el 24 de enero de 1793.

“La Corregidora” es el nombre con el cual la historia la inmortalizó. Su participación en la insurgencia fue definitiva. Como era la esposa del Corregidor, era un seguro enlace entre los futuros insurgentes que tenían en la Ciudad de Querétaro el centro de su conspiración y a quienes informaba de todo lo que convenía a la causa. Indujo a su esposo a participar en la conjura.

Cuando los conspiradores fueron denunciados el Corregidor se vio obligado a iniciar una averiguación formal y ordenar el cateo de la casa donde se guardaba el material de guerra. Al marchar para realizar estas diligencias, encerró a su mujer, pero ésta logró enviar noticia de lo ocurrido a Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y los Aldama.
Iniciado el movimiento insurgente, la Corregidora fue denunciada por el capitán Arias, se le encerró en el convento de Santa Clara y después fue llevada a la Ciudad de México, donde se le recluyó en el convento de Santa Teresa. Por encontrarse embarazada, su prisión fue benigna al principio, pero después se le trasladó al convento de Santa Catarina de Sena, donde permaneció durante tres años.

Ya consumada la Independencia e instalado el Imperio de Iturbide, rechazó el nombramiento de dama de honor de la emperatriz. Tampoco aceptó ninguna recompensa por sus servicios a la insurgencia.

Murió en la Ciudad de México. Sus restos se depositaron en el convento de Santa Catalina de Sena y después se llevaron a Querétaro. El Congreso de ese Estado la declaró Benemérita. Una estatua suya se encuentra en la plaza que lleva su nombre en la Ciudad de México.

* Diccionario Porrúa de Historia, Biografía y Geografía de México, omo III, México, Porrúa,1986, p. 485.

Comisión Bi100 / Bicentenario en la Ciudad de México